Mauricio Garcia, Universidade Federal de Santa Maria (UFSM)
Mucho antes de que los dinosaurios dominaran los continentes y de que aparecieran los cocodrilos modernos, sus antepasados ya atravesaban una etapa decisiva en su trayectoria evolutiva. Fue en ese mundo antiguo, poco después de la mayor extinción masiva de la historia de la Tierra, donde vivió una nueva especie de reptil fósil descubierta en el estado brasileño de Río Grande del Sur.
Bautizada como Silescelida acristata, la especie vivió hace unos 240 millones de años, durante el período Triásico Medio. El fósil fue hallado en Dona Francisca, en la región central de Río Grande del Sur, en rocas que forman parte del Geoparque Quarta Colônia de la UNESCO.
El hallazgo ayuda a llenar una importante laguna sobre la evolución de los arcosauriformes, un grupo de reptiles del que surgieron los arcosaurios. Los arcosaurios son el linaje que abarca dos de los grupos más conocidos de vertebrados terrestres: los cocodrilos y los dinosaurios, incluidas las aves.
El estudio fue llevado a cabo por investigadores del Centro de Apoyo a la Investigación Paleontológica de la Cuarta Colonia de la Universidad Federal de Santa María en colaboración con investigadores de la Universidad Federal de Río Grande del Sur y de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande del Sur, y se ha publicado en la revista científica Scientific Reports.
Un animal pequeño en un mundo en reconstrucción
En la época en que Silescelida acristata vivió, los ecosistemas terrestres aún se estaban recuperando de la extinción del Pérmico-Triásico, ocurrida hace unos 252 millones de años. Este suceso acabó con gran parte de la vida del planeta y dio paso a la diversificación de nuevos grupos de animales.
Fue en este contexto de recuperación ecológica cuando diferentes linajes de reptiles comenzaron a desempeñar nuevos papeles en los entornos terrestres. Entre ellos se encontraban los arcosauriformes, que experimentaron una gran diversificación durante el Triásico. Silescelida acristata era un animal relativamente pequeño, de cuerpo esbelto y locomoción cuadrúpeda. Su tamaño puede compararse al de un caimán pequeño.
Aunque no era ni un dinosaurio ni un cocodrilo, pertenecía a un linaje cercano a las formas que precedieron al origen de estos grupos. Su dieta probablemente incluía animales más pequeños, lo que sugiere que desempeñaba el papel de pequeño depredador en los ecosistemas del Triásico del sur de Brasil.
¿Por qué es importante este fósil?
El fósil conserva principalmente partes de las extremidades. A primera vista, este tipo de material puede parecer limitado, pero contiene información importante sobre la locomoción y el parentesco evolutivo del animal.
Una de las características más relevantes de Silescelida acristata se encuentra en su fémur, el hueso del muslo. Al igual que algunos de sus parientes cercanos, tenía las patas en una posición semierguida, situadas más por debajo del cuerpo que hacia los lados.
Este cambio permitía una locomoción más eficiente, reduciendo el arrastre del cuerpo contra el suelo. En términos evolutivos, este tipo de transformación está relacionada con el conjunto de cambios anatómicos que, más tarde, resultarían fundamentales para el éxito de los arcosaurios.
En otras palabras, el nuevo fósil ayuda a comprender una fase anterior al auge de los dinosaurios y los cocodrilos, cuando sus parientes cercanos aún estaban experimentando con diferentes formas corporales, posturas y modos de locomoción.
Parentesco poco común
Los análisis filogenéticos indican que Silescelida acristata podría estar emparentado con los Euparkeriidae, un grupo poco común de arcosauriformes que la ciencia aún no conoce bien.
Hasta ahora, los fósiles asociados a este grupo se conocían principalmente en África, Asia y Europa. La presencia de una forma emparentada con los Euparkeriidae en Sudamérica amplía significativamente la distribución geográfica conocida de estos animales.
Esto sugiere que estos reptiles estaban más extendidos por el mundo durante el Triásico de lo que indicaba el registro fósil. Además, refuerza la importancia de Sudamérica para el estudio del origen y la diversificación de los grandes grupos de vertebrados terrestres.
El “redescubrimiento” de un fósil olvidado
El descubrimiento de Silescelida acristata también tiene una historia poco común. Parte del fósil, precisamente la porción que conservaba información esencial sobre su procedencia, se perdió accidentalmente durante más de dos décadas.
No fue hasta 2022, durante una visita técnica a la colección científica de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande del Sur, cuando los investigadores localizaron el fragmento desaparecido. Este redescubrimiento permitió confirmar el origen del espécimen y llevar a cabo su descripción formal como una nueva especie.
El propio nombre del animal hace referencia a esta historia. Silescelida combina palabras asociadas al “silencio” y a la “pierna”. El “silencio” alude al largo período durante el cual parte del fósil permaneció olvidado, mientras que “pierna” se refiere al tipo de material conservado, compuesto principalmente por huesos de las extremidades.
Por su parte, el nombre acristata significa “sin cresta”. Se eligió porque el fémur de este animal carece de una cresta o protuberancia ósea elevada, conocida como trocánter, donde se uniría parte de la musculatura de la cola. Esta ausencia diferencia a Silescelida acristata de casi todos sus parientes cercanos.
¿Qué cambia este hallazgo?
La presencia de Silescelida acristata en el Triásico Medio de Brasil demuestra que la historia evolutiva de los arcosauriformes fue más amplia y compleja de lo que se imaginaba. El fósil indica que también existían en Sudamérica linajes cercanos a los Euparkeriidae, lo que amplía el papel del continente en la diversificación inicial de los parientes de los dinosaurios y los cocodrilos.
Además, el hallazgo consolida a Río Grande del Sur como una de las regiones más importantes del mundo para el estudio de la fauna del Triásico. Las rocas de la región conservan fósiles de diferentes etapas de la evolución de los vertebrados terrestres, incluidos algunos de los dinosaurios más antiguos que se conocen y grandes depredadores que vivieron antes de la Era de los Dinosaurios.
Cada nuevo fósil hallado en este contexto ayuda a reconstruir cómo se reorganizaron los ecosistemas terrestres tras la extinción del Pérmico-Triásico y cómo surgieron los grupos que más tarde dominarían los continentes.
Pequeños huesos, grandes historias
Los fósiles incompletos suelen considerarse menos informativos que los esqueletos casi completos. Sin embargo, es importante recordar que la gran mayoría de los fósiles hallados durante las excavaciones son fragmentarios. Descubrimientos como el de Silescelida acristata demuestran que incluso partes aisladas del esqueleto pueden revelar información fundamental sobre la evolución.
En este caso, los huesos de las extremidades permitieron identificar una nueva especie, deducir aspectos de su locomoción, investigar sus relaciones filogenéticas y ampliar la distribución conocida de un grupo poco común de reptiles del Triásico.
Más allá de describir un nuevo animal, el estudio muestra cómo la paleontología brasileña sigue contribuyendo a comprender capítulos fundamentales de la historia de la vida en la Tierra. En las rocas de Río Grande del Sur, los fósiles de hace 240 millones de años aún guardan pistas sobre el origen de los grupos de animales que transformarían los ecosistemas terrestres para siempre.
Mauricio Garcia, Doutorando no Programa de Pós-Graduação em Biodiversidade Animal , Universidade Federal de Santa Maria (UFSM)
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
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